viernes, 18 de febrero de 2011

Para Pensar

En la pequeña escuela rural habìa una vieja estufa de carbòn. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano y todos los días encender el fuego para calentar el aula antes de que llegaran su maestra y los compañeritos.

Una mañana llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente, más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron urgente al hospital del condado.

En su cama, el niño horriblemente quemado y semi-inconsciente, oía al médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo moriría y que era lo mejor que podía pasar en realidad, pues el fuego había destruido practicamente la parte inferior de su cuerpo.

Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría.

De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió.

Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y el médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda su vida, sin la posibilidad de usar sus piernas.

Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido.

Caminaría.

Pero, desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida.

Finalmente, le dieron de alta.

Todos los días su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada.

No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.

Cuando no estaba en la cama, estaba confinado a una silla de ruedas. Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco.

Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla, se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas.

Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar.

Empezó a hacer lo mismo todos los días, hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas.

Por fin, gracias a las oraciones fervientes de su madre y sus masajes diarios, a su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad, primero de pararse, luego caminar tambaleándose y... finalmente caminar solo y mucho después correr.

Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante en la universidad, formó parte del equipo de carreras sobre pista.

Y aún después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de sobrevivir, que "nunca" caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, Glenn Cunningham, llegó a ser el atleta estadounidense que...

¡Corrió el kilómetro más veloz del mundo!

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Si piensas que estas vencido... entonces lo estas.

3 comentarios:

Fany dijo...

Wao... de verdad que me ha conmovido la historia... ese niño, ese hombre... es todo un ejemplo a seguir... y la moraleja... es pura sabiduría...

Gracias por darme a conocer esta historia.

Un besazo y feliz finde!

Dark Amore dijo...

ME AGRADÓ MUCHO TU ENTRADA, ES MUY CIERTO, TODO ESTA EN LA DETERMINACIÓN, BIEN DICEN QUE EL QUERER ES PODER.

en las nubes dijo...

Me encantó!